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La piel que habito
The Skin I Live In
Por Laura Hiros
Suspenso, terror
Dirige: Pedro Almodóvar
Actúan: Antonio Banderas, Elena Anaya, Marisa Paredes, Jan Cornet, Roberto Álamo, Eduard Fernández, Blanca Suárez, Susi Sánchez, entre otros.
Clasificación: R
120 min.
El mago de la pantalla platinada y la tragicomedia españolas decide mezclar su arte con un género completamente nuevo para él, el
terror; el resultado una cinta agresiva, oscura, mordaz y finalmente, muy, pero muy Almodóvar.
La décimo octava cinta del director Pedro Almodóvar cuenta con todos los elementos que han caracterizado su muy reconocida obra,
complicando aún más la historia sobre la oscura relación entre una madre y sus hijos, la idea de abuso sexual, el cambio de sexo, la
identidad y el impacto que todo esto tiene en la vida de una persona; con la aparición de un personaje monstruoso, sumamente enfermo
que se encarna en el cuerpo de un atractivo cirujano plástico.
La adaptación de la novela Mygale de Thierry Jonquet (que aquí en los Estados Unidos se publicó bajo el nombre de Tarantula) nos
presenta a Robert Ledgard (Antonio Banderas) un famoso y reconocido cirujano plástico que está llevando a cabo una seria
investigación sobre regeneración de la piel inspirado en la trágica muerte por quemaduras de su adorada esposa 12 años atrás.
En la primera parte de la película vemos a Ledgard dar conferencias sobre sus avances, al tiempo que se nos presenta a una hermosa
mujer cubierta por entero en una malla elástica bajo el cuidado de una dócil sirvienta en lo que pronto sabemos es El Cigarral, la
hermosa propiedad del cirujano y también su centro de operaciones.
La rutina de los tres personajes es al parecer muy simple, Ledgard prueba la piel genéticamente mutada en Vera (una bellísima Elena
Anaya), la mujer que encerrada en un cuarto de la mansión es vigilada cada segundo por cámaras de seguridad y pasa sus días sumida
en la paz interior que le provoca el yoga, y Marilia (la maravillosa Marisa Paredes) que es la encargada de velar por su seguridad y
alimentación.
Sin embargo, en la segunda parte de la cinta que comienza cuando el delincuente, Zeca (Roberto Álamo), el hijo de Marilia llega
disfrazado de tigre (durante el carnaval de Madrid) a El Cigarral, descubriremos que no todo es lo que parece, y poco a poco se develarán
secretos e imágenes que además de sacarle un buen susto, de esos que se quedan clavados en la mente por años, lo dejarán
pensando en la película una y otra vez, y tal vez en el futuro se le aparezcan en sus peores pesadillas.
Aunque La piel que habito recuerda mucho del cine gore, no puede clasificársele en este género, pues las peores cosas (o por lo
menos lo que la imaginación dicta que debería suceder) no pasa frente a las cámaras, no hay mucha sangre, ni escenas de violencia
demasiado gráficas pero sí cuenta con evidentes referencias a películas ícono de este género como The Human Centipede de Tom Six
(sobre todo en el diseño de escenarios) y con sendas alusiones a cintas del mago del suspenso Alfred Hitchcock. Este “Frankestein”
cinematográfico es una mezcla de géneros en donde prevalece el terror, pero finalmente hasta ese terror es muy a la Almodóvar.
El manchego juega con su auditorio, moldeándolo y haciendo que reaccione exactamente como él lo desea. Si usted es fanático del
trabajo de este genio del cinematógrafo, seguramente y aunque tal vez se tarde un poco más en comprender el impacto total de La piel
que habito, la disfrutará en grande; pero que conste que esta no es una película para todo mundo y puede ofender y hasta traumar a una
mente sensible.
La esperada reunión de Almodóvar y Banderas después de sus exitazos en los 80 (Matador, La ley del deseo, ¡Átame!) va más allá de lo
que cualquiera se hubiera imaginado y en definitiva tocará fibras que muy pocas obras visuales han tocado.
*Como se envío para publicación a La Estrella en casa
Reseñas y críticas
Mala
Regular
Buena
Excelente
Extraordinaria
Una escena llena de tensión entre Antonio Banderas (Ledgard) y Elena Anaya (Vera) en La piel que habito.